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Un Compromiso de 365 Días al Año
Por Javier Sierra
El 22 de abril, Día de la Tierra, la mayoría de los mortales celebramos las bendiciones de un planeta saludable y renovamos nuestro compromiso por defenderlo contra los abusos.
Sin embargo, en el pequeño pueblo fronterizo de Anapra, Nuevo México, abrumadoramente latino, hay poco que celebrar y mucho por lo que luchar, día tras día.
Durante más de cien años, una cercana fundición situada al otro lado del Río Grande, en El Paso, Texas, emitió cientos de miles de toneladas de algunos de los metales más tóxicos que se conocen.
Debido a que se encuentra en terreno bajo, residuos de plomo, zinc, arsénico y cadmio, arrastrados por el viento, se fueron concentrando en Anapra -una de las comunidades más pobres del país. Este bombardeo venenoso ha dejado el suelo incapaz de dar fruto alguno.
La pesadilla quedó en parte aliviada en 1999 cuando la Fundición ASARCO cerró sus chimeneas. Pero poco dura la alegría en casa del pobre, porque los dueños de la instalación, con el repunte de los precios del cobre, pretenden ahora reabrirla. Y los anaprenses, con toda la razón del mundo, están que echan humo.
Anapra tiene los índices de contaminación de plomo más altos de Nuevo México. La mayoría de sus niños tienen problemas de aprendizaje, les cuesta concentrarse, son irritables y muestran excesiva agresividad, todos síntomas típicos del envenenamiento de plomo.
Por ejemplo, los cinco niños de Linda Sandoval - miembro de Get the Lead Out, el movimiento comunitario que se opone a la reapertura- tienen todos problemas de aprendizaje.
"Es una burla que traten de abrir la fábrica otra vez," dice Linda. "Pensaba que esto sólo ocurría en lugares como México. Pero la corrupción también está aquí".
Por su parte, Lilly Ureño, voluntaria del centro comunitario La Casita, comparte los temores de sus vecinos.
"En La Casita trabajo con puro niño, y muchos tienen asma, ataques y convulsiones", dice Lilly, cuyo hijo también tiene problemas de aprendizaje. "Las madres tenemos miedo".
ASARCO, sin embargo, niega que su fundición tenga que ver con la contaminación, e históricamente ha encontrado la excusa perfecta para eludir responsabilidades, y también la comprensión de funcionarios locales y estatales que ven a la compañía como un benefactor de la comunidad.
Pero una investigación municipal realizada en 1971 descubrió que en un año la fundición emitía 1,012 toneladas de plomo, 508 toneladas de zinc, 11 toneladas de cadmio y una tonelada de arsénico. Otro estudio indicó que casi el 60% de los niños que vivían alrededor de la fundición tenía niveles peligrosos de plomo en la sangre. De hecho, ASARCO tiene problemas de contaminación en 40 instalaciones por todo Estados Unidos.
Este año, las autoridades de salud de Nuevo México accedieron a investigar la situación y en marzo visitaron Anapra. Pero la decepción entre la anaprenses fue enorme cuando los investigadores se negaron a realizar análisis entre los niños de la comunidad.
"No hay evidencias sustanciales de que los niños de Anapra tengan plomo en la sangre", dijeron los investigadores a los indignados residentes.
"Esta es una prueba más de cómo los departamentos de salud de Texas y Nuevo México han encubierto el legado tóxico de ASARCO durante 30 años", dijo Yvette Ramirez Ammerman, vocera de Get the Lead Out. "Los niños no sólo juegan en la arena, sino que también gatean por las casas y se llevan el polvo contaminado. Ignorar a los niños francamente es ridículo, si no fraudulento".
Obviamente, más evidencias de que los niños que viven cerca de la fundición están contaminados hundiría como el plomo las posibilidades de aprobación de la solicitud de ASARCO para reabrir la fundición.
En evitar que se renueve el permiso no sólo están involucrados los 1,500 vecinos de Anapra, sino también varios grupos cívicos de El Paso y Juárez, en México, los cuales participan en las audiencias y reuniones que llevan varios meses realizándose.
Esta oposición se ha convertido en una movimiento comunitario que tuvo su muestra más emotiva durante una marcha en El Paso contra la renovación del permiso, en la que participaron cientos de personas. Muchas de ellas son residentes de las más de 600 propiedades que el gobierno federal ha declarado contaminadas por ASARCO.
La lucha será larga, y las audiencias durarán meses, pero los anaprenses saben que en la unidad está la fuerza.
"Esta es mi casa", dice Lilly. "Yo no quiero irme. Aquí nos cuidamos unos a otros y vamos a pelear todos juntos".
En Anapra todos los días son el Día de la Tierra.
Javier Sierra es columnista del Sierra Club. El Sierra Club es la mayor y más antigua organización de base medioambiental en Estados Unidos.
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