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El Velo Verde
Por Javier Sierra
Es un poco tarde para el carnaval, pero déjeme contarle esta mascarada.
Todos sabemos que los temas medioambientales están de moda. El movimiento ecologista, pese a la insistencia de sus detractores de declararlo muerto, vive una de sus épocas más vibrantes. El 70% del país se declara medioambientalista. El 71% de los latinos que viven en el suroeste del país cree que preservar los entornos naturales no es sólo un valor familiar sino también religioso. En California, el 91% de los hispanos piensa que es posible proteger el medio ambiente al mismo tiempo que construir una economía robusta.
Este consenso nacional se ha convertido en un poderoso imán para la América corporativa, quien en años recientes ha tratado de establecer una simbiosis ecológica con los consumidores del país, ofreciendo productos y servicios que supuestamente respetan el aire que respiramos, el agua que bebemos y el suelo que cultivamos.
Pero en demasiados casos, esta simbiosis se ve corrompida por un velo verde que con aparentes intenciones altruistas oculta que el ecologismo y el dinero, después de todo, tienen el mismo color.
ExxonMobil —la corporación más rica del mundo y la que más entorpece la lucha contra el calentamiento global invirtiendo decenas de millones de dólares en negar su existencia— responde a sus críticos diciendo que financia el Proyecto sobre Calentamiento Global y Energía. Esta iniciativa estudia cómo confrontar las emisiones de calentamiento global una vez que ya están en la atmósfera. Pero lo que no nos dice ExxonMobil es que las aplicaciones de estos estudios podrían tardar hasta una década en implementarse. La corporación tampoco se ha comprometido a adoptar tales aplicaciones cuando estén disponibles.
Chevron, otro gigante petrolero, nos deslumbró en octubre con una campaña titulada “Energía Humana” para promocionar sus credenciales verdes. Pero al tiempo que nos prometía cielos más azules, Chevron también atacó la viabilidad de las energías solar y de viento —las más limpias que existen— llamándolas “demasiado futuristas”. No es de extrañar que una corporación tan fuertemente anclada al pasado de los combustibles fósiles tenga tanto miedo del futuro.
En 2005, General Electric (GE) —la novena mayor corporación del mundo— lanzó su campaña “Ecomagination” para anunciar su compromiso eclógico confrontando retos como la necesidad de fuentes de energía más limpias y eficaces, y reducir emisiones tóxicas. Dos años más tarde, las credenciales medioambientales de GE están todavía muy verdes, ya que sigue vendiendo turbinas para plantas energéticas de combustión de carbón —la mayor fuente de gases de calentamiento global— e invirtiendo en la extracción de petróleo y gas natural.
Southern, la generadora de energía que opera seis de las plantas energéticas más sucias del país, insiste en que invierte “miles de millones de dólares” en limpiar sus emisiones tóxicas y de calentamiento global. Sin embargo, según el Proyecto de Integridad Medioambiental, Southern posee las tres plantas energéticas que emiten más dióxido de carbono de todo Estados Unidos. Dos de ellas son la segunda y tercera que más mercurio emiten en el país. Y cinco más están entre las 50 que generan más óxido nitroso. Más que un velo verde, lo de Southern es una mordaza.
Por otro lado, hay incontables ejemplos de responsabilidad corporativa que demuestran un compromiso real de proteger el medio ambiente y combatir el calentamiento global. De hecho, según el informe anual de 2008 de GreenBiz.com, 2007 fue un año récord en el incremento de iniciativas verdes por parte de las empresas del país.
Por ejemplo, Google, la poderosa compañía de Internet, está construyendo en California la mayor instalación generadora de energía solar en una sede corporativa. El proyecto de paneles solares generará 1.6 megavatios, suficiente como para surtir a unos mil hogares. El proyecto permitirá a Google ahorrarse un 30% de la energía que utiliza.
Nike se ha comprometido a alcanzar un impacto neutral en la emisión de gases de calentamiento global para el año 2011, al menos en lo que respecta a sus instalaciones, tiendas y viajes corporativos. La generadora de energía Green Mountain Power ha logrado que sólo el 2% de su producción energética provenga de fuentes que emiten gases de calentamiento global. La cadena de tiendas Target está descontinuando la venta de productos que contengan cloruro de polivinilo, un compuesto potencialmente peligroso. Frito-Lay anunció que para 2010 su producción dependerá de agua reciclada y energía renovable.
Pero todos estos ejemplos de responsabilidad corporativa, tan tímidos como nos puedan parecer, corren el riesgo de caer en saco roto si persisten los casos de empresas que ocultan su codicia detrás del velo verde. Pongamos fin a esta mascarada.
Javier Sierra es columnista del Sierra Club. El Sierra Club es la mayor y más antigua organización de base medioambiental en Estados Unidos.
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